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Narrador del Cielo

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Imagina que todo lo que ves, sientes, piensas y escuchas, todo lo que experimentas conscientemente -incluso tu propio cuerpo- lo estás viendo como si estuvieras en una película. Imagina que tú eres el único observador. Una película única, en la que tienes el papel principal y el de todos aquellos que juegan un papel en esa película. Imagina, al mismo tiempo, que tú estás proyectando la película en la pantalla de tu conciencia.

La película empezó cuando tú aún eras muy joven y se sigue proyectando todos los días. Mientras la película se proyectaba, naturalmente, te acostumbraste a las cosas que te mostraba, cosas que continúa mostrándote y que son percibidas -por ti- como verdaderas.

Éste eres tú y nadie más, no hay nadie más como tú en todo el universo. Éste eres tú, un ser humano único, completa y absolutamente tú. Así, tu identidad está siendo creada al igual que la identidad de cada persona. Casi nadie piensa en esto.

Que la película sea una buena o mala, depende del guión de la historia que se está desarrollando, y también de la importancia que tú le des.

Un día surge la pregunta de si tú eres realmente esa persona que ves como tú mismo. Surge un sentimiento de duda, un sentimiento de que algo no está bien, de que falta algo. Todo esto, simplemente, no parece justo. Ocurren cosas que no puedes cambiar nada, cosas que no quieres que pasen; de hecho, sientes que podrían ser diferentes, que deben ser diferentes…

La consciencia se despliega desde tu interior y descubres que hay otro camino a seguir. Esta consciencia atrae tu atención y, sin importar lo que hagas, permanece contigo, en un segundo plano, como un verdadero amigo al que llegas a conocer más y más. A veces, este amigo es inquietante, pero es fiable. Se vuelve más y más natural querer estar con él.

El compañero en ti cambia tu panorama y tu forma de ver el mundo. Todo lo que ves ahora, lo ves junto con este amigo y ya no estás solo. Dos ven mejor que uno. Las mismas cosas toman otro significado, tú también estás tomando otro significado. Ya no te identificas tanto con los sucesos de la película. Tu compañero interior se acerca más a ti y te identificas con él. El irradia una nueva luz en tu vida.

Imagina que otras personas también encontraran a su compañero interior. ¡Y que todos tomaran conciencia de ser la pantalla, el proyeccionista, el observador y la luz, todo al mismo tiempo!

La luz del compañero interior dirige tu vista hacia la fuente, en la que todo se origina y a la que todo regresa. Percibes algo del camino espiral de las cosas al ser creadas y formadas. Y reconoces que todo está en ti, junto con lo demás. “Ésta es mi verdadera identidad”. El factor decisivo no es quién soy, sino qué soy: Una de las numerosas estrellas del pabellón de la conciencia, todas brillando con fuerza en el mismo cielo. Puedes verlas todas, pues cada estrella es más hermosa que la otra. Sientes un flujo de felicidad.

Imagina, entonces, que alguien te dice “yo soy la Luz del Mundo” e imagina que cada estrella transmite esto. Cada persona se reconoce en la luz de otra persona en un reflejo infinito.

El tesoro en cada uno es para que todos lo disfruten, ésta es nuestra herencia espiritual. Está, simplemente, esperando que tú la aceptes.

¡Imagínatelo!

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