Acceptance

Aceptación

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Tanto en el contexto espiritual como en el psicológico se habla mucho de abrazar y aceptar. Algunos hablan también de aceptación radical, de la aceptación radical de uno mismo, de la vida, de sus sentimientos, etc., pero esto no son más que lemas. ¿Qué se quiere decir con eso? ¿Se trata de tolerancia, de tener que aguantar, de un cierre emocional, de un distanciamiento superior, de sentarse en una torre de marfil interior? ¡Seguro que no! Serían formas de derivación espiritual.

¿Cuándo la aceptación tiene una dimensión liberadora? ¿Cuándo tiene un significado más profundo?

Mi experiencia en el camino espiritual me ha llevado a la siguiente conclusión: Para poder aceptar algo, es necesario el elemento de silencio interior.

La aceptación, que no está impregnada por la sutil frecuencia del silencio y con total devoción, es el distanciamiento mental y la separación de las emociones, o bien la agonía el sufrimiento. Ambas cosas crean aún más confusión y refuerzan aún más la ilusión del ego.

La aceptación, en su dimensión liberadora es, por el contrario, una aceptación plena de toda la movilidad interior y exterior en y a través de la fuerza del silencio. Sin embargo, esto va unido a una capitulación de todas nuestras ambiciones y motivaciones centrales. ¿Cómo puede haber silencio cuando invoco mi corazón con deseos personales y con ideas - es decir, ruido mental y emocional - sin parar? Soy consciente de todas mis limitaciones e insuficiencias y tengo un profundo anhelo interno de liberarme del peso de mi ego aislado y limitado. En mí crece el anhelo de la paz interior e inquebrantable, la paz que supera todo entendimiento. Una y otra vez, experimento que este estado de consciencia es la condición previa para que la aceptación de lo que aquí se quiere decir pueda encontrar un caldo de cultivo.

La aceptación, en este sentido, es una purificación de la resistencia del yo contra el Silencio, es el abandono de la resistencia contra el verdadero, original e inmortal Yo. Se trata de revelar todo lo que está en medio e impide el desarrollo de la vida verdadera. Tenemos que permitir esas resistencias, ese dolor - parados en la alfombra finamente tejida del Silencio - con cada fibra de nuestro ser, hasta que las olas del dolor pasen a través de nosotros y la alfombra del silencio nos cubra completamente. Entonces, estamos en sintonía con un orden más profundo de ser - somos uno con el Ser verdadero. Esta es la batalla sagrada de los misterios, la de “poner la otra mejilla después de recibir una bofetada en la cara”. Este es el agua que desgasta la dura roca. Esta es la fuerza invencible ante la que, tarde o temprano, todas las potencias del mundo deben rendirse.

Según mi experiencia, antes de aceptar una situación, hay que reconocer que no tiene sentido oponerse a lo que existe. Tengo que elegir conscientemente esto por mí mismo, apartarme de mi “yo”, mi ego, y dejar que el Silencio surta efecto. La aceptación comienza con el Silencio.

Antes de aceptar una situación que nos eleva internamente, está el contacto íntimo con el Silencio, el voto dedicado a esta frecuencia que emana de un orden de la vida completamente diferente. Combinada con esta fuerza y esta presencia consciente y profundamente perceptible de lo divino en nosotros, la aceptación puede tener lugar en un sentido redentor.

La aceptación se convierte en danza, sobre un camino con “ritmos de Silencio”.  Son el punto de referencia de todos nuestros pasos y movimientos.  La melodía del Silencio es lo que siempre ha sido, siempre es y siempre será - aunque nuestra danza en este mundo haya terminado hace mucho tiempo.

Así que los maestros de todos los tiempos nos llaman: ¡Silencio! En el silencio está oculto vuestro verdadero ser inmortal. Allí encontrarás la paz que tu corazón ha anhelado durante tanto tiempo.

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