Sun behind Clouds

Entre conspiradores y voluntarios de la Luz

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A menudo nos preguntamos… si esta sala de entrenamiento y aprendizaje, que es nuestra vida, tal y como se presenta hoy, puede todavía cumplir con su objetivo, el de acoger a seres humanos puestos frente a su tarea. La necesidad de dar una respuesta a las preguntas de la esfinge, preguntas inevitables de un gran significado, para obtener una respuesta razonable y compatible con el fin. Casi parece que las grandes preguntas ya no se planteasen.

Parece que cualquier iniciativa que nace de una legítima aspiración es fácilmente contrarrestada. Toda idea, o ideal, parece desvanecerse ante los innumerables obstáculos de tipo económico, de prestigio, o simplemente dictados por la ceguera. Así muchas iniciativas razonables son prohibidas de raíz. La burocracia, la corrupción, la codicia, la desconfianza, la degeneración, la apatía están asfixiando los impulsos de nuevas formas de convivencia.


¿Qué posibilidades existen todavía?

En la agotadora dinámica del juego de los opuestos, entre quienes denuncian y difunden noticias de hechos inauditos, al límite de lo verosímil, y quienes se vendan los ojos o tapan los oídos para no ver ni oír (descartando las tragedias en las que estamos inmersos). ¿Qué posibilidades existen hoy en día para un joven en el que siguen existiendo ideales? Si hubiera sabido lo que le esperaba cuando nació, ¿habría aceptado el desafío?

Todos hemos aceptado el desafío, un desafío dictado por la necesidad de llevar a cabo un destino, destino actual originado por un pasado individual y colectivo (kármico), no pronosticable, absoluto y necesario. El desafío de estar aquí, ahora, en un mundo que se dirige dramáticamente hacia una decadencia y que esconde sus bellezas detrás de cortinas de humo venenoso y de montones de residuos. Y esconde su sabiduría en el silencio de aquellos que saben que no pueden hablar, o que no quieren actuar, porque no pueden hacer nada frente al poder abrumador de quien manda.
El significado subyacente en nuestra vida tiene que ser reevaluado. Nuestra propia cultura tiene que ser reconsiderada. No la esencia, sino la forma en la que se expresa.


¿Qué podemos saber en realidad?

Entonces nos preguntamos: ¿qué sabemos nosotros de las fuerzas que rigen el mundo, este mundo?
La respuesta habitual: quizás conocemos el 4-5% de las fuerzas y sustancias existentes, como dicen los físicos. Cabe preguntarse con qué arrogancia podemos intervenir y, en el mejor de los casos, planificar un futuro en la Tierra si conocemos tan poco. Pero también podría ser arrogante hablar de decadencia del mundo que nos rodea sin percatarnos de que podría ser una proyección de nuestra propia y hastiada desesperación. Por otro lado, hay Luz espiritual que brilla por todas partes, aunque las máquinas y los cálculos no la perciban. Esta Luz revela incluso belleza en montañas de residuos. Y nos impulsa a comprender nuestra existencia.

Existe una sospecha, la sospecha de que estamos en una prueba. ¿Acaso no es posible que el mundo actual refleje lo que nos hemos perdido en los últimos milenios? Se trata de la búsqueda valiente y libre del significado, y del modo de vida que se desprende de ello. Parece que las circunstancias de nuestro tiempo nos han obligado a corregir los errores del pasado.

La caída en la ilusión, la dualidad, la crítica, la separación, han producido todo esto, y percibo que yo soy parte integrante de ello, no sólo como "víctima" sino como agente creador. Inconscientemente atraigo las situaciones en las que tengo que realizar mis experiencias que aún no he resuelto, en las que puedo aprender lo que me he perdido hasta ahora. Mientras esté ocupado en ello, no podré experimentar lo Único necesario, en toda su extensión: el Amor que me hace consciente y corresponsable de todo y en todos.


El original sigue ahí

En la actualidad, hemos olvidado en gran medida que somos la expresión del ser humano original, un microcosmos, a imagen y semejanza de la Luz que lo ha pensado, con todos los atributos. Percibo la llamada en lo más profundo del corazón, reconozco los rayos sutiles de la Luz misteriosa que filtran las apariencias hasta que atraviesan cada capa de mi envoltura y conmueven mi corazón. Me doy cuenta de que esta Luz está también en el corazón de todos los demás. Cuando se recupere en ellos, surgirá la unidad y el destino del mundo se transformará: desde el interior hasta el exterior, desde el individuo hasta el colectivo. Estos polos llegarán a la armonía.

Sigo viva, milagrosamente ilesa en el caos reinante. Quizás un poco dañada por… (enfermedades, epidemias, peripecias varias, que quizás lleven una firma, que yo he suscrito). Pero aún viva. ¿Qué, o quién guió mis pasos, así como los de innumerables compañeros de viaje? ¿Qué se me pide? Me pregunto: ¿tiene algún sentido darle a las cosas un significado más profundo cuando nadie en mi entorno lo entiende? La respuesta es sí. De hecho, es necesario conocer más de los demás y tratarlos como si fuesen yo misma. Y me debo a la Tierra y no solo a la Tierra sino a todo el sistema solar, y al Universo. Lo que está “abajo” es como lo que está “arriba”... y cada parte tiene un impacto en el conjunto, lo que sucede en uno afecta a todo. ¡El conocimiento de la física está alineado con la sabiduría ancestral de Hermes!  


Aquí está la clave

Lo que sucede en mí ocurre en cada átomo fuera de mí. El impulso que reina en mi corazón se expande en el gran espacio que me rodea y en el infinito espacio dentro de cada átomo de mi ser. ¡Resplandeciente verdad que me revela el vínculo entre mis pequeñas ideas, el pensamiento que puedo formular, y el gran proyecto que me concierne y me contiene!
De hecho, puedo descubrir su significado porque contiene mi vida. Cada respiración, cada pestañeo se refleja en el gran todo y expresa Amor, si la fuerza que me mueve es una fuerza de Amor, o separación, si el mío era un pensamiento de resentimiento, de antipatía, de desilusión.

El Amor es contagioso. El amor es creativo, encuentra recursos, intuye soluciones, integra todo. Lleva todo hacia el cumplimiento. Se acerca caminando de puntillas al umbral de la consciencia. Tendemos a rechazarlo, por temor a que no sea suficiente para contener cualquier catástrofe que amenace la vida. Sin embargo, sigue siendo la única alternativa cuando, exhaustos por defendernos continuamente de los golpes que nos lanzan, miramos en nuestro interior y vemos la evidencia: la resolución de las dificultades solo es posible en nosotros mismos. Nadie puede hacerlo por nosotros. En “una especie de acción pasiva”, damos espacio a la fuerza dentro de nosotros mismos, la fuerza que "todo lo mueve", que con nuestra ayuda puede transformar los innumerables, pero también débiles impulsos disgregadores, que agitan nuestro mundo.

Podemos transformar cada pensamiento, cada impulso en una fuerza, en una sustancia, aplicando la Sustancia fundamental de la Vida. Sobre esta única base es posible construir el punto medio, el Arca capaz de conducirnos a casa.

 

   

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