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Insatisfacción

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Estar satisfechos nos llena. Sentirnos insatisfechos puede hacer que experimentemos un vacío en nuestros corazones. Pero, ¿a qué nos referimos cuando hablamos de satisfacción e insatisfacción?  Esto depende principalmente de los valores internos que estemos cultivando en ese momento.

Cuando solo somos impulsados por valores materiales y superficiales, oscilamos entre la satisfacción y la insatisfacción de ser, o no, saludables, bellos, ricos, elegantes, famosos y todo lo relacionado con esos deseos: comodidad, influencia social, privilegios, reconocimiento, éxito personal y profesional, por ejemplo. En tales casos, las apariencias externas y las posesiones materiales afectan directamente a nuestros niveles de satisfacción o insatisfacción; y nuestros pensamientos, sentimientos y reacciones correspondientes crean construcciones mentales y astrales que se unen a las “imágenes mentales del mundo”, a menudo reflejadas por los medios de comunicación y las redes sociales.

¿Sería totalmente reprobable desear tales “satisfacciones”? “Después de todo, la belleza y el arte, la madurez cultural, la riqueza material, la comodidad y el éxito profesional son necesarios”, nos dice nuestra conciencia básica. 

 Desde una perspectiva personal, a menudo deseamos atributos que están fuera de nuestro alcance y que no son posiblemente alcanzables. ¿No intentamos ser personas “buenas y perfectas”?  Pero más bien, ¿no es realidad que nos encontramos oscilando entre la satisfacción o la insatisfacción de ser o no ser personas educadas, buenas, amorosas, confiables, eficientes, incluso buscadores espirituales serios? En resumen, aspiramos a ser “buenos ciudadanos y buenas personas” y cumplir con nuestro imaginario ético y espiritual.

 Estos deseos nos hacen evitar, a toda costa, quedar atrapados en el “lado malo” de esta tenue línea, una línea impuesta por las tradiciones culturales y tan difícilmente defendida por nuestra conciencia ética y racional.

Sin embargo, cuando observamos más de cerca, vemos que los dos arcos de este péndulo comparten similitudes: después de todo, el impulso que realmente nos mueve a estar satisfechos o insatisfechos es la búsqueda de la propia satisfacción personal , ya sea que esta se base en las posesiones, las apariencias o simplemente en la vanidad. Pero para quienes anhelan una vida espiritual, resuena la advertencia: "¡Ten cuidado! ¡Los deseos de una conciencia superior, de un alma renovada, no pueden equipararse a los deseos del ego!”. Cuando obtenemos la visión correcta, percibimos que estamos enredados en nuestras expectativas mentales y deseos emocionales, lo que solo nos trae insatisfacción.

¿Y qué impulsa esta insatisfacción? Nuestro vacío, nuestra falta de anhelo espiritual, la brecha entre lo que somos y lo que estamos destinados a ser.

A menudo, en nuestra desesperación por escapar de este vacío, ¡terminamos perdiéndonos aun más!

Intentamos llenar el vacío con alcohol, drogas; nos convertimos en adictos al trabajo; viajamos por el mundo en busca de satisfacción fuera de nosotros mismos; nos sumergimos en nuestro amor por nuestra familia y amigos; o nos arrojamos a antiguos dogmas religiosos tratando de purificar nuestras normas éticas y morales personales adoptando conceptos espirituales especulativos. No hay límite a lo que haremos para  llenar este vacío.

Pero supongamos que poseemos un profundo anhelo espiritual y que buscamos genuinamente el verdadero significado de nuestra existencia. Entonces también llegamos a comprender que este intento interminable de llenar el vacío dentro de nosotros no se puede lograr a través de  esfuerzos vanos.

Las drogas y el alcohol nos quitan la lucidez. El amor genera apegos que nos causan frustraciones. Tras toda una vida de trabajo, nos vemos apartados por la próxima generación ansiosa por demostrar su valía. Años de viajar por el mundo solo nos traen de vuelta a nuestro punto de partida para darnos cuenta de que seguimos siendo nosotros mismos. Los dogmas religiosos demuestran estar vacíos de sustancia y ya no alimentan nuestras almas. Las normas éticas cambian con los tiempos. ¿Y qué hay de los innumerables libros llenos de ideas espirituales? Nuestras cabezas quieren anular las contradicciones, mientras que nuestros corazones están vacíos de verdaderos sentimientos. ¿Pero por qué es así?

Porque caminamos sobre un camino gobernado por las ilusiones del bien y del mal, lo transitorio y lo no permanente. Luchamos por mantener el péndulo del lado de la "bondad", pero invariablemente se balancea de nuevo a su opuesto.

Así, es posible que debido a que nuestras expectativas se frustran, caigamos en una depresión, experimentemos ansiedad y, como sentimos que no podemos hacer frente a estas emociones negativas, recurramos a la ingestión de medicamentos químicos fuertes para afrontar el día.

¡Todo porque queremos escapar del vacío!

Existe un vínculo entre el momento en que nuestra mente proyecta una imagen, que anticipa una expectativa, y la estimulación del deseo de que esta se haga realidad. Entonces, cuando el deseo falla, o solo se cumple parcialmente, sentimos un vacío creciente en nuestros corazones. Nos sentimos decepcionados, insatisfechos, porque nuestras expectativas, que eran solo una proyección de nuestras mentes, no se cumplieron.

Sin embargo, esta experiencia también nos da una percepción cada vez mayor, una comprensión más profunda de la cualidad de nuestra alma actual, nuestro estado de alma. En lo profundo de nosotros comenzamos a comprender las limitaciones de esta interminable fluctuación entre la satisfacción y la insatisfacción, hacer el bien y hacer el mal, y nuestra impotencia para detener este péndulo. Tememos las consecuencias de la insatisfacción, del lado negativo de la vida, y lo sentimos como un abismo de vacío en nuestros corazones.

Sin embargo, tal perspicacia, tal confrontación con nuestras limitaciones personales, el delirio de nuestras vidas, puede provocar un anhelo del corazón de escapar de esa prisión, de encontrar una manera, un camino para salir de este laberinto.

El vacío ya no es algo que debe ser llenado por nosotros, sino que se convierte en un espacio para ser colmado por el Espíritu…

Entonces, un día, cuando realmente podamos sumergir nuestras almas en las profundidades de ese vacío, encontraremos que todos esos deseos efímeros, ya sea que los consideremos materiales o espirituales, se disuelven en la luz del Espíritu que se acerca. Entonces también llegaremos a comprender la omnipresencia del Espíritu. Nuestro anhelo, nacido a través del sufrimiento causado por las duras experiencias de la vida, ya no es un deseo de realización personal, sino un anhelo de entregarnos a la Voluntad Divina, la Gracia Divina.

Así, alineados con la Sagrada Voluntad, nos daremos cuenta de la Unidad de lo Inconmensurable.

¡El Espíritu llenará el vacío con el Gran Gozo de la Vida Verdadera!

En ese momento, las palabras de Krishnamurti estarán claras para nosotros:

Solo cuando la mente se libera de lo viejo, encuentra todo renovado. Y en eso hay una inmensa alegría. (1)

 

  1. Jiddu Krishnamurti: ¿Puede la mente estar callada? pág. 65. Krishnamurti Foundation Trust.
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