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La aventura diaria. La experiencia de mi trabajo

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Como una novela de aventuras en la que los "malos" luchan contra los "buenos". Así es como experimenté mi trabajo hace unos meses. Los líderes sinceros y auténticos fueron despedidos… ¿Para quién eran incómodos? ¿Cuáles eran sus objetivos? En el sistema económico actual, las empresas tienen como único objetivo revalorizar el precio de sus acciones; y si no se consigue, se interviene; el dinero es lo primero.

Me dije: la honestidad es la mejor política - la buena voluntad prevalecerá, las mentiras se desenmascararán. Hice todo lo posible para construir mi propio mundo en el lugar de trabajo, con optimismo, tratando de no infectarme de pensamientos negativos.

¿Por qué debería escuchar las dudas de los colegas y la clientela? Por qué debería dejarme influir por las incesantes preocupaciones y reflexiones sobre la rotación de los empleados, los despidos, la admisión temporal de los profesionales independientes, el personal auxiliar proporcionado por empresas externas, los cotilleos y los rumores de que la empresa iba a cerrar. ¿Por qué debería dejarme arrastrar por la gente que me atacó personalmente?

No, me dije: me mantengo fiel a mí mismo, vivo mi vida, hago mi trabajo, hago lo que es necesario e intento permanecer en contacto con las personas equilibradas y siempre radiantes. ¿No se nos ha dicho que hace falta resiliencia, resiliencia en el lugar de trabajo?

Dejen que el amor brille, este es el alimento que la gente necesita. Difundan la confianza y el optimismo, pero no el miedo. Y entonces surgirá lo adecuado, un buen estado de ánimo en los residentes, en los empleados y en el director de la residencia de ancianos. Ser un puente para todos, tanto para la gestión de la residencia como para el personal de limpieza, conectar con el corazón de los ancianos. Y que estos se involucren en el proceso.

¿Por qué somos como somos?

Esas fueron mis buenas intenciones y esfuerzos, pero imperceptiblemente se produjo un sufrimiento interno: ¿por qué somos como somos? ¿Por qué hay malentendidos, groseros, hirientes? Un "pozo de vulnerabilidad" se abrió dentro de mí, una herida que quedó abierta. Todo lo que me era hostil se acumuló en ella, y muchas otras cosas, y empecé a caer en malentendidos. Ya no podía ser objetivo. La desesperación se apoderó de mí, me dieron de baja por enfermedad.

Así que tuve tiempo para reflexionar y charlar con amigos, lo que parecía mucho más curativo que la psicoterapia. Estar en mitad de la naturaleza me daba fuerzas. Reflexioné sobre el aumento de la inquietud – la sensación de no tener tiempo suficiente-   y en el nerviosismo resultante, la agresividad en aumento y la creciente angustia.

Todo nos llama a detenernos, necesitamos intuir qué somos, reflexionar sobre lo que hacemos en el mundo, sobre el camino que nos ha sido dado. Albert Einstein dijo: “La intuición es un don divino, la mente un servidor fiel. Es paradójico que hoy en día hayamos empezado a adorar al sirviente y a profanar el don divino." Pero, ¿y si falta el don divino? Entonces solo queda el sirviente.

Mi yo más íntimo e intocable se movía dentro de mí. Algo que no es accesible a los demás, ni visible para nadie, ni siquiera para mí. Algo dentro de mí, protegido, encerrado como una perla, algo que me conmueve profundamente, lo más preciado de mí.

Detenerme y encontrarlo, anticiparme, dirigirme hacia la unión gradual con mi centro, ahora me parece la verdadera aventura. En medio de una vida agitada, experimentar la relación con lo estático, experimentar el centro en el borde de la rueda que gira cada vez más rápido, el silencio en medio del ruido; eso es lo que se me abrió como posibilidad. El silencio en el que lo divino es real, lo inexpresable.


La crisis me hizo darme cuenta de que todo este caos aventurero tiene lugar en un contexto de orden sagrado en el que el bien y el mal se disuelven para lo “exclusivamente bueno”. La aventura diaria… está sumergida en la calma cósmica.

 

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