Montsegur

La herencia cátara. Parte 3: "Los cátaros también eran cristianos". Montségur, octubre de 2016

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En el manifiesto de la Fama Fraternitatis se describe cómo los hermanos de la Rosacruz se toparon con una puerta oculta después de haber eliminado parte del muro. Allí se encontró la inscripción:

“Después de ciento veinte años, me abriré”.

Se dice que Cristián Rosacruz murió en 1484 y que en 1604 se abrió una puerta al mundo espiritual para aquellos que estaban preparados para ello. Sin embargo, el número 120 también puede interpretarse simbólicamente como el momento recurrente en el que, tras una preparación suficiente, se abre una puerta a una nueva percepción del mundo. En este caso, también del pasado.

Ocurrió el 16 de octubre de 2016 en el municipio de Montségur, en el sur de Francia. La Iglesia Católica escribió la historia en ese día particular y llegó a esta conclusión:

“Los cátaros también eran cristianos.”

Ese domingo en Montségur, Jean-Marc Eychenne, obispo de la diócesis de Pamiers, pidió disculpas públicamente en nombre de la Iglesia Católica francesa de Occitania por su participación en las Cruzadas de la Inquisición.

El libre pensamiento y sus consecuencias

En los siglos XII y XIII, muchos habitantes de Occitania se habían desviado de la interpretación ortodoxa del mensaje cristiano; ello llevó a la guerra religiosa más brutal de la historia europea. Los gobernantes seculares y religiosos de entonces lideraron una cruzada devastadora contra los cátaros y los albigenses, los llamados “herejes” del sur de la Francia actual.  

Solo en Béziers, en el año 1209, al menos 20.000 personas fueron ejecutadas en un solo día.

La culminación de la aniquilación y la brutal destrucción de los “parfaits” (perfectos) se produjo con la incineración de los últimos cátaros al pie del castillo de Montségur. Este castillo formaba parte del núcleo central defensivo de los cátaros (1204-1244), donde confiaron erróneamente poder estar a salvo de sus perseguidores durante un tiempo. Tras el asedio de 1243 a 1244, unos 225 hombres y mujeres se rindieron. Ante los ojos de la Inquisición, el 16 de marzo de 1244, bajaron por la escarpada pendiente para entrar en la pira (La Prada) al pie del castillo de Montségur. ¡Qué fácil podría haber sido salvar sus vidas si hubieran renunciado a su fe! En cambio, eligieron la Muerte del Mártir, como muchos otros cátaros antes que ellos.

Un trovador que presenció este suceso expresó la siguiente profecía:

¡Después de 700 años, el laurel volverá a florecer!  [1]

El poeta francés H. Teuilé escribió en 1893:

Montségur

Oh, santo refugio de nuestros guerreros,

Esclarmonde te construyó en lo más elevado,

cerca del cielo.


¡Oh, Tabor de los faidits, caballeros y trovadores,

orgulloso permaneces en tu abrupto peñasco!

 

De nuestra gloria de Oc, ¡oh gloriosa tumba!

la sangre de nuestros padres por tus muros ha chorreado,

y hoy en ruinas, despojado de tu ‘cráneo’,

del alma del Mediodía, tu duelo el aire inunda.


Pero tras setecientos años, el laurel reverdece

sobre la Ceniza de los Mártires. ¡Oh cuántas

nobles causas el oscuro olvido ha extinguido!


Muestra que sobre tu cima, siempre elevada, siempre orgullosa,

pareces decir al Tiempo, al Trueno, al Invierno:

‘Mi roca es eterna; ¡Acércate si te atreves!’ [2]

El laurel reverdece de nuevo

Antonin Gadal (1877-1962), guardián de la herencia cátara en el sur de Francia, hizo realidad esta profecía. Transfirió el legado cátaro a Jan van Rijckenborgh y Catharose de Petri, líderes espirituales del Lectorium Rosicrucianum. Gadal, Jan van Rijckenborgh y C. de Petri erigieron el monumento de Galaad, en el valle del Ariège, en conmemoración de la "Triple Alianza de la Luz" - Grial, Cátaros, Rosacruces - y lo inauguraron el 5 de marzo de 1957.

A partir de 1986 se celebraron en este lugar, cada cinco años, conferencias internacionales del Lectorium Rosicrucianum (en total, seis veces), con alrededor de 2000 participantes de todo el mundo en cada ocasión.
Pensando en todo esto, me senté en la plaza del pueblo de Montségur el domingo 16 de octubre de 2016. El sol otoñal cubrió el lugar con un velo dorado y dio al paisaje una apariencia mágica de cuento de hadas. Sentí que el espacio y el tiempo se entrelazaban, y había mucha gente a mi alrededor, en el aquí y el ahora. Tal vez otras personas también sintieron como si hubiéramos sido tocados por la Cadena de las Fraternidades Gnósticas que perdura a lo largo de los tiempos. católicos, cátaros, rosacruces y muchos otros se sintieron profundamente conmovidos.  Fue esta una experiencia tremenda e indescriptible.

La petición del perdón

El obispo de la diócesis de Pamiers, un hombre alto, delgado y simpático, pronunció un discurso conmovedor en la enorme iglesia del pueblo. El resto de los visitantes pudo escuchar la celebración en la plaza del pueblo, fuera de la iglesia, por los altavoces.

No fue una misa, sino una liturgia especial con varios discursos. El obispo pidió perdón en nombre de la Iglesia de Ariège. La petición de perdón se dirigió a Dios, al igual que el pesar por las maquinaciones que se produjeron entonces entre las autoridades seculares y religiosas.
He aquí un extracto del discurso del obispo:

“Las brasas de la injusticia aún arden bajo las cenizas, queremos justicia y paz. Pedimos la capacidad de llorar, de romper el hielo de nuestra indiferencia, para que la lluvia pueda enjugar las lágrimas y apagar el fuego."

El portavoz del obispo enfatizó que “fue un error aliarse con el poder secular de entonces”. En su comunicado a la Iglesia de Ariège, añadió:

“Rogamos al Señor que nos perdone por haber actuado en contra del Evangelio, un evangelio en el que Jesús nos ordenó amar a nuestro prójimo y nunca responder a la violencia con violencia”. Hay que señalar que los cátaros nunca cometieron actos de violencia.

Los discursos fueron acompañados por cánticos y ritmos medievales.
Fue un momento único cuando la versión cátara del Padrenuestro fue cantada en público por primera vez por la cantante Muriel Batbie. La oración del Señor resonó por los altavoces en el valle, de modo que incluso los rebuznos de un burro doméstico - inspirado por el canto – se añadieron a la melodía.

El acontecimiento contó con la participación de unas 600 personas, una sociedad colorista, algunas vestidas con vestimenta medieval. Por todas partes había banderas rojas con la cruz de oro de los cátaros.
Después de una hora de celebración en la iglesia, caminamos juntos, en silencio y con ramas de laurel en las manos, hacia las alturas del pueblo, hacia el lugar en el que probablemente se había levantado la pira funeraria.

Allí se escuchaba música tocada con instrumentos medievales; esta tradición occitana todavía se sigue cultivando hoy en día. Todos cantamos el himno de los "cátaros".

Nos sentamos durante un buen rato, con el pensamiento ensimismado, al pie del castillo de Montségur, escuchando a un flautista solitario en un prado cercano. Cuando el sol desapareció en el horizonte nos pusimos en camino hacia casa, permitiendo que las vibraciones de nuestro memorable día perduraran mientras todos nos sentábamos juntos para cenar en nuestra morada romántica de Tarascón.

Era el 120 cumpleaños de Jan van Rijckenborgh.

Videos:

https://www.youtube.com/watch?v=62_w9Z_ABY8
https://www.youtube.com/watch?v=itU43GDtgzk
https://www.youtube.com/watch?v=8PIsKyAIc-k
https://www.youtube.com/watch?v=HTb1vqxn5uA
https://www.youtube.com/watch?v=A8vxXhrtsTE

 


[1] See Joost R. Ritman in: Antonin Gadal, El Triunfo de la Gnosis, Ámsterdam, 2006, pág. 36

[2] Traducción del poema de Teulié, 1893.

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