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Encuentro con Shivapuri

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El valle del Katmandú estaba nebuloso como de costumbre cuando un pequeño grupo de personas comenzó el ascenso al pico Shivapuri, hogar de Shiva, el Dios de la destrucción y el destructor de la ignorancia. Allí se localiza la montaña Katmandú, en Nepal. Aún no había caminos definidos para la escalada y el grupo tuvo que encontrar el suyo en medio de la aspereza y las partes llanas. Después de cierto tiempo de ascenso, aquellos montañistas se encontraron de repente en un pequeño espacio abierto- al frente de una cueva- que tenía el aspecto de una roca colgante y que resplandecía como el fuego. En la parte de atrás de ella, sentado en medio del aire bastante fresco de la mañana, estaba un yoghi meditando vestido solo con un taparrabo. Lentamente, la niebla se disipó y aquí y allí, el sol emergió.

 

El grupo se detuvo sorprendido. Sin embargo, los visitantes fueron invitados a acercarse más y, luego de algunos instantes de duda, los exploradores se aproximaron al yogui saludándolo con un “Namasté”. Acto seguido y de manera silenciosa, el yogui les pidió que se sentaran en tres troncos que estaban en los alrededores. Hubo entonces silencio.

Luego de algunos momentos, el yogui preguntó: “¿De donde vienen Ustedes y hacia donde se dirigen? De esta manera, la conversación se desenvolvió hasta llegar a la pregunta de cómo encontrar el Camino de la Liberación. ¿Cómo podemos alcanzar la liberación de la rueda del nacimiento y de la muerte? Nosotros que vivimos en medio del mundanal ruido, en la ciudad con nuestras familias y penas cotidianas, nos gustaría saber si tú también yogui, aún después de muchos años de meditación y soledad, estás todavía en la senda.

 

Después de un largo silencio su respuesta fue: “Yo busqué mi camino y lo encontré. No traten de imitarlo o copiarlo. Búsquenlo en su propio mundo, búsquenlo con todo su ser y lo encontrarán. ¿Será el mismo camino que el mío o será distinto? El camino puede ser hallado y seguido en todas partes y para ello Ustedes solo deben abrir la puerta que está en su propio interior.” Luego de sus palabras, hubo silencio.

 

El grupo comprendió. Ellos captaron el mensaje y supieron que ahora debían dejar al yogui a solas. Con un “Namasté” silencioso retrocedieron y escalaron los últimos metros de la montaña de Shiva. En la cima la luz del sol resplandecía al tiempo que el hielo y la nieve de los Himalayas estaban radiantes con una belleza casi sobrenatural.

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