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Ser responsable de tu propio tiempo

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Hace casi cincuenta años, el escritor alemán Michael Ende publicó “Momo”, un pequeño libro profético donde hombres grises imaginarios literalmente robaban el tiempo a los seres humanos, (sus horas-flores), mostrando con ello la supuesta inutilidad del esparcimiento y del tiempo sin premuras…y prometiendo que, si ellos hacían caso de su consejo, podrían “capitalizar” todo su tiempo. En “Momo”, los hombres grises fueron derrotados gracias a la alianza con Mastro (maestro) Hora, el Señor del Tiempo. Pero si nosotros le damos una mirada a la vida de los humanos hoy en día, ¡en realidad los ganadores muy bien podrían ser los Hombres Grises!

No tenemos mucho tiempo, pero lo poco que tenemos lo perdemos en cantidades. La vida sería lo suficientemente larga si fuera utilizada bien y nosotros hemos recibido más que suficiente para el cumplimiento de las cosas más grandes, pero cuando ella discurre en la inercia y el desperdicio, cuando ella no se emplea en alguna buena actividad, entonces nos damos cuenta que el tiempo pasa sin ninguna realización. No poseemos una vida corta, más bien somos nosotros los que la acortamos. Cuando Momo le pide al Maestro Hora que impida que los hombres grises les roben el tiempo a los humanos, éste replica: “No, yo no puedo hacer esto puesto que son los hombres mismos quienes tienen que decidir en qué van a invertir su tiempo y depende de ellos defenderlo. Yo solo puedo otorgárselo”.

 

Si bien es cierto que cada ser humano es responsable del manejo de su tiempo, es también necesario considerar que el tiempo encierra un misterio, que ahora vamos a tratar de examinar más de cerca. Años, meses, semanas, días, horas, minutos, segundos…la medida del tiempo parece ser la misma para cada uno de ellos actualmente. El tiempo registrado por relojes satelitales es válido para cada uno, pero cada uno de nosotros conocemos periodos de tiempo que hemos sentido como que son muy largos y también hemos percibido largos periodos de tiempo que se disiparon en un abrir y cerrar de ojos…Entonces, ¿por qué la percepción del tiempo no es siempre la misma? ¿Qué hace que el flujo de los minutos pueda ser tan elástico? ¿Tal vez la emoción? ¿O la conciencia? ¿Por qué los momentos que anteceden a un posible incidente duran bastante tiempo, al punto de crear la conciencia de que esos momentos abarcaron toda una vida? ¿Por qué un gran amor que solo ha durado unos pocos meses, queda registrado en nuestra memoria como un espacio de tiempo muy grande?

 

La conciencia es uno de los principales atributos del alma, siendo las emociones, los sentimientos y los pensamientos elementos que en primer lugar alimentan la conciencia. De ahí que nosotros podamos decir que hay un” tiempo corporal” y un “tiempo del alma”. Con respecto al “tiempo corporal”, debemos recordar que el primer medidor de tiempo lo constituyen los latidos cardiacos, en razón a que un minuto, que equivale a sesenta segundos, en general se puede enmarcar con buena aproximación a los sesenta latidos del corazón. Por consiguiente, el cuerpo humano está sincronizado con un reloj biológico y regula sus funciones sobre esta base.

En lo que respecta al “tiempo del alma”, nos encontramos en un ámbito mucho más complejo, por el hecho de que el alma puede asumir connotaciones y características diferentes. Por naturaleza el alma -según Platón- puede estar muy cerca del cuerpo, así como también muy próxima al Espíritu, dependiendo de su orientación y su estado de desarrollo. Por consiguiente, ella puede experimentar el paso del tiempo de varias maneras, todo ello dependiendo de muchos factores.

Dos clases de tiempo.

Los antiguos griegos solían usar dos vocablos distintos para referirse al tiempo: Cronos y Kairos. Mientras que el primero se refiere al tiempo cronológico y secuencial, a saber, la línea de pasado, presente y futuro, el segundo, por su parte, alude a un tiempo no definido en el cual “algo especial” sucede.

Desde un punto de vista individual o personal, el lema: “Carpe Diem” que viene del latín y que significa: aprovecha el momento, es un ejemplo típico de una acción que tiene lugar conforme avanza el tiempo en Kairos. Desde el punto de vista espiritual, podemos apreciar que en el Nuevo Testamento el término Kairos indica “el tiempo en que Dios actúa”.

Incluso en la tradición pre-colombina de los aborígenes de América Central, se conocían dos tipos de tiempo: Tonal y Nagual. El primero es el tiempo lineal de la vida diaria, aquel en que una hora dura sesenta minutos. A diferencia del anterior, Nagual es el “tiempo espiritual”, un tiempo fluido, en el cual la experiencia de la duración es variable. Tonal es uni-dimensional mientras que Nagual es el puente entre dos dimensiones: la dimensión individual interna y la dimensión de otro mundo, el mundo espiritual.

Es también conocido como el incognoscible infinito, que no se puede expresar con palabras, ya que solo se puede experimentar en el interior. En el tiempo de Nagual la conciencia del ser humano formula preguntas como, por ejemplo: “¿Quién soy yo?”, “¿qué significa la vida para mí?”, “¿qué permanece de mí, una vez que me despojo de mis roles y de mi supuesta identidad?”, “¿Hay un núcleo espiritual en mí?”, “¿cuál es mi aspiración más profunda?”. Cuando Usted experimenta tal estado de ser al menos durante cortos periodos de tiempo, Nagual se hace indispensable, pues de lo contrario Usted deviene agitado, estresado e infeliz.

 

En nuestra actual civilización occidental, algunas veces hablamos del tiempo y la eternidad, pero estos conceptos han sido profundamente malinterpretados porque en general se cree que el tiempo es algo que es siempre nuevo, diferente, en constante cambio y evolución, mientras que por su parte la eternidad es una representación fundamentalmente estática, como una realidad concreta siempre igual a sí misma.

La historia enseña por el contrario que el tiempo sigue rumbos por medio de desarrollos cíclicos y repetitivos, como si no fuera realmente hacia adelante sino siguiera trayectorias circulares que se cierran a sí mismas, (del día a la noche y de nuevo al día, de la primavera al invierno y de nuevo a la primavera…), mientras que la eternidad es un “presente vivo”, la secuencia continua de momentos únicos e irrepetibles que escapan al control de la razón.

 

¿Hay alguna manera de ir desde Cronos a Kairos, desde Tonal a Nagual, del tiempo a la eternidad? ¿Dónde se halla la puerta que conecta estos dos mundos?

El símbolo de la cruz, símbolo muy antiguo, que data de mucho antes de su uso por la religión cristiana, muestra la intersección de la “línea recta horizontal del tiempo”, la sucesión lineal del pasado-presente-futuro, con la “línea vertical espiritual del tiempo”, el tiempo fuera del tiempo. De otra parte, el ser humano al estirar sus brazos, es un ejemplo perfecto de la cruz viviente, y entonces se puede preguntar: “¿cuál es el punto central en la intersección de las dos vigas?”, dado que en aquel punto Cronos y Kairos, Tonal y Nagual, el tiempo y la eternidad entran en contacto.

El ser humano está justamente en la intersección del tiempo y el espacio con la eternidad. De esta manera los seres humanos disponen de cierta cantidad de tiempo, corta o larga y todo depende de cómo sea usado dicho tiempo por ellos. Ellos poseen un cuerpo con un término máximo de duración, (el cual es desconocido), pero también tienen un alma que podría ser capaz de cruzar la frontera que separa los dos mundos.

 

Los seres humanos están perdidos en el tiempo y en el espacio, hasta que finalmente se den cuenta que es indispensable descifrar el Misterio de la Vida. Entonces ellos escogerán un camino existencial que tarde o temprano les llevará a la Gnosis, al Conocimiento de los Orígenes del Mundo y del Logos. Ahora todo es decepción para ellos, hasta que todas las cosas adopten otro significado, cuando su existencia devenga en un continuo flujo de “ahoras” y en cada “ahora”, ellos puedan así dar forma a su propia realidad.

 

Un ser humano en este estado encarna el sabio precepto de Séneca: “Atrapados en el torbellino de los asuntos y compromisos los hombres consumen sus vidas, siempre ansiosos por lo que pasará y aburridos de lo que tienen. Quienquiera que dedique cada momento de su tiempo a su propia evolución, cualquiera que termine el día como si este fuese toda su vida, no espera ni guarda expectativa alguna por el mañana”

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