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Paradojas

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A veces, lo que es difícil de expresar puede ser formulado con una paradoja verbal. Un ejemplo de esto es el oxímoron "todo es importante y nada importa realmente". Si miramos de cerca esta expresión, notaremos que es controvertida solo a primera vista, y que las dos declaraciones, mutuamente excluyentes, están lógicamente interrelacionadas.

Tomemos la frase: “Todo es importante”. Se refiere a lo que está presente, a lo que tiene un efecto en nuestra vida. Aquí estamos hablando de lo que nos mueve y establece la dirección de nuestro desarrollo en cualquier momento, día tras día, año tras año. ¿Qué genera nuestros pensamientos, sentimientos y acciones: el ego o la voz del corazón?

Nuestra consciencia y nuestro estado de vida dependen de ello. Nuestro estado interior nos lleva a la enfermedad y la muerte, o a la Unidad, a la Libertad y al Amor. Así que todo lo que hacemos durante el corto período de tiempo que llamamos "nuestra vida" es importante, para nosotros y para todo aquello de lo que formamos parte.

La expresión continúa con: “Nada importa realmente”. El sentido de esta frase es que nada de lo que está sucediendo tiene el significado que le atribuimos. El hombre egocéntrico no sabe absolutamente nada de las razones profundas de lo que le sucede y es incapaz de percibir las cosas con una perspectiva realista.

Con sus presunciones y expectativas, siempre proyecta su propia imperfección en personas y eventos. De hecho, dondequiera que mire, solo se verá a sí mismo. Y cuando, en sentido figurado, está a punto de disparar, vuelve a apuntarse a sí mismo. La incapacidad humana para comprender y aceptar este hecho es la causa del aislamiento, de la hostilidad y la pérdida de poder, con todas las consecuencias que resultan de ello.

Quien anhela la verdadera curación, una Vida Nueva, no pierde el tiempo con las cosas externas, sino que dirige su mirada hacia adentro.
El camino interior es el Único camino. Quien está recorriendo el Camino sabe que no hay enseñanza ni escuela que lo lleve al Reino de los Cielos, como si fuera equipaje en un tren de alta velocidad, mientras observa el paisaje. Nadie puede hacer por él lo que él mismo debe hacer todos los días, minuto a minuto.

Así que, si logra asir el hilo de Ariadna, emprende un viaje sin demora y camina por el laberinto de su propio mundo con auto-responsabilidad y perseverancia, en silencio y con fervor. Entonces, no hay límites para las posibilidades que se le presentan.

 

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