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Yo, una y otra vez

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“En cada momento, te eliges a ti mismo. ¿Pero, realmente, te eliges a ti mismo? El cuerpo y el alma ofrecen mil posibilidades de cómo se pueden "construir" muchos yoes. Pero solo uno de ellos da como resultado la congruencia entre la persona que elige y el ser real que ha sido elegido.

Solo uno, y lo encontrarás después de haber agotado todas las demás opciones, claves curiosas, tentadas por el asombro y el deseo, demasiado superficiales y fugaces para aferrarse a la experiencia del mayor enigma de la vida: el conocimiento sobre el talento confiado, que de hecho es "usted". (Dag Hammarskjöl)   1

Trabajando en uno mismo

El tema de la identidad personal, por regla general, no suele encabezar la lista de nuestra agenda diaria, salvo en vísperas de Año Nuevo, cuando uno se pregunta sobre qué cambios convendría hacer acerca del ejercicio físico, la limpieza, el orden de casa, etc.
Todas las otras preguntas, las que se refieren a la imagen de uno mismo, al trabajo en uno mismo, son asuntos que a casi nadie le preocupan realmente.

El trabajo sobre sí mismo es principalmente un trabajo que se realiza sobre la propia imagen de uno mismo, en el que a veces juega un papel importante la imagen que se supone que tienen los demás de uno. Es decir, todo lo que está conectado con la competencia y el estatus -hacer o aspirar a cosas que nos permitan parecer más inteligentes, más fuertes, ricos, atractivos…-, cosas que no hacemos o aspiramos a hacer simplemente por nosotros mismos. De esta manera estamos "trabajando" casi sin cesar en nuestra propia imagen.
Pero en algún momento, en algún "momento psicológico", podemos renunciar a esa visión y orientarnos sobre aquellas cosas que son más importantes. En esta cuestión está claro que el trabajo sobre sí mismo no se limita al desarrollo de la propia personalidad. También juega un papel con quién me asocie. El exterior nunca puede separarse completamente del interior (que es el "Ser").

Cuando empiezas a trabajar realmente en ti mismo, empiezas con el propio carácter y, por ello, cuando no estás satisfecho, hay que explorar más, ir más profundo. ¿Qué tal si tratamos de resolver conflictos, resolver viejas disputas, en un entorno cercano? Podemos evitar los temas conflictivos, desarrollar la paciencia y diseñar estrategias para tratar con personas que constantemente crean tensiones. Pero también podemos optar por mirar más profundamente y comprobar que hay razones internas propias para estas tensiones. Algunas personas provocan reacciones defensivas dentro de nosotros y queremos diferenciarnos de ellas acusándolas de estar equivocadas; o las apartamos a un segundo plano y les dejamos claras sus propias deficiencias. A menudo, una mirada desapasionada es todo lo que se necesita para mostrarnos que en realidad no hicieron nada malo, nada que mereciera ser criticado. Sin embargo, nos resistimos, seguimos luchando. Hay algo en el comportamiento de estas personas que agita nuestra autoimagen y nos lleva a poner límites excesivos. Puede parecer que dejar que este conflicto se resuelva nos quite algo de nosotros, que para eliminar la tensión tengamos que renunciar a algo de nosotros mismos. ¿Soy solo yo si puedo diferenciarme de X o Y?

Un camino se revela

Existe el desarrollo del alma, durante el cual podemos abandonar los mismos límites que hemos establecido. En el corazón de cada uno de nosotros hay un principio de alma que proviene de la unidad primaria divina. Cuando se puede desarrollar, los límites de nuestra personalidad actual se vuelven más permeables, porque son cada vez menos necesarios. El alma que se despierta en la Unidad puede dejar de diferenciarse y de luchar; no necesita ningún conflicto. El yo actual no puede sobrevivir sin límites, ya que cree que se perderá a sí mismo si no es capaz de establecer límites.

Así, en nuestro interior, se desarrolla una lucha entre el alma egocéntrica y el alma eterna. Quienes están dispuestos a adquirir la consciencia de sí mismos aprenden a aceptar toda la información que se encuentra en los conflictos todavía inevitables. El alma siente el dolor del rechazo, el dolor del dogmatismo y el dolor de cruzar fronteras en las relaciones con los demás. Este dolor es un indicador para tomar nuevas decisiones, para dejar atrás los viejos límites. Cada uno de esos sentimientos me muestra quién soy actualmente y me pregunta quién me gustaría ser, o quién soy en lo más profundo de mi ser. Entonces aparece un camino que recorrer.

Un amigo me dijo una vez que la vida exterior, con todos sus acontecimientos, era como mi “yo externo”. Durante mucho tiempo no entendí esta afirmación. Ahora sé que vivo nuevas situaciones todos los días, a las que debo reaccionar. Hay muchas cosas que no puedo controlar. Pero cada incidente individual que experimento me muestra quién soy. Alegría, codicia, miedo, creación de límites: abro y cierro mis límites, lucho para adquirir el control de la situación. En momentos de sosiego puedo admitir que me estoy conociendo a mí mismo en mis propias reacciones.

No soy solo esa entidad que soy en la privacidad de mi propia casa al final de una jornada laboral. No soy solo esa entidad que soy cuando estoy en compañía de amigos. Soy todo lo que me pasa, porque independientemente de que un evento lo considere bueno o malo, soy yo quien toma las decisiones al respecto, de forma espontánea e inconsciente. Y esto continúa hasta el momento en que finalmente puedo permitir que esos sucesos den forma a mi vida y a mí mismo. Hasta el momento en que el alma se haya vuelto lo suficientemente fuerte como para detener la balanza del bien y del mal y, en este silencio, emerja el Verdadero Ser, hacia el cual estoy en camino. Hasta el momento en que finalmente pueda elegir este Ser.

 


  Markings, Capítulo 1945-1949.

  • 1. in: Markings, Chapter 1945-1949
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